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Personas que se Perdieron la Navidad: Líderes Religiosos

Personas que se Perdieron la Navidad:

Líderes Religiosos

Por John MacArthur

Muchas personas se pierden la Navidad. Se puede observar el día de fiesta por la decoración de sus hogares y el intercambio de regalos con la familia y amigos, pero pasan por alto completamente el significado espiritual de la encarnación de Cristo.

La historia del nacimiento de Cristo está llena de personajes que efectivamente se perdieron la primera Navidad. Un grupo significativo de ellos se menciona de pasada en el relato de Mateo de la traición de Herodes. Ellos son los líderes religiosos. Mateo 2:4-6 describe la escena.

“Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel.”

Esto es escandaloso. Los sumos sacerdotes y los escribas sabían exactamente donde Cristo había de nacer. Estos fueron los teólogos, las mentes, los cerebros de la aristocracia farisaica, la élite religiosa de Israel. Ellos conocían la Escritura lo suficientemente bien como para citar a Miqueas 5:2, que profetizó que el Mesías nacería en Belén. Sin embargo, se perdieron la Navidad.

El pueblo judío había estado buscando por su Mesías desde que Moisés profetizó que un gran profeta vendría (Deuteronomio 18:15). Estaban esperando ansiosamente un libertador. Sobre todo ahora que estaban viviendo bajo la opresión romana, la nación entera deseaba su venida. Era la gran esperanza de los siglos. El destino de Israel estaba ligado a Su venida. Él era su salvador, el Mesías, el Cristo, el Ungido. La intensidad de su hambre se ilustra en el ministerio de Juan el Bautista. La gente se reunió para escuchar al que había sido enviado para preparar el camino para el Mesías.

Sin embargo, aquí estaban los expertos en teología, los guardianes de la verdad espiritual en Israel, y ni siquiera se molestaron en recorrer unos pocos kilómetros al sur de Belén para descubrir por sí mismos si este era el Mesías.

¿Por qué los líderes religiosos se perdieron la Navidad? Indiferencia. No les importaba. Al menos Herodes temía a la autoridad de Jesús. El mesonero podía alegar ignorancia. Estos hombres tenían todos los hechos. Simplemente a ellos no les importaba. Su Mesías no era realmente importante para ellos.

Si se supiera la verdad, ellos sentían que no lo necesitaban. Ellos se justificaban a sí mismos. Ellos guardaban la ley. Ellos creían que eran ya todo lo que Dios podría hacer de ellos. Eran perfectos en sus propias mentes y orgullo enfermizo.

La raíz de la indiferencia es siempre el orgullo. Estos hombres estaban demasiado ocupados consigo mismos para estar preocupados acerca de Jesús. Absortos en su propio orgullo, su justicia propia, su autonomía, llevaban a cabo su ritual y sus discusiones mezquinas teológicas en los confines de su propio sistema cómodo. No tenían tiempo para el Hijo de Dios. De hecho, cuando comenzó Su ministerio público, estos hombres se hicieron Sus principales adversarios. Ellos lo odiaban y lo despreciaban, y en última instancia, tramaron su asesinato. Ellos no lo querían. Ellos no lo necesitaban.

Me recuerda el grito doliente de Jeremías en Lamentaciones 1:12 mientras observaba todo Israel yendo por el camino de la destrucción. Él exclamó: “¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino?” Jeremías estaba diciendo: “¿Cómo puedes ser tan indiferente?”

La indiferencia es un pecado profundo contra Cristo. Lamentablemente, es una de las reacciones más comunes hacia El. Es típico de las personas religiosas que no piensan que necesitan un salvador. Tales personas piensan que están bien tal y como están. Esa es una actitud peligrosa.

El ministerio principal de Jesús fue para la gente que tenía problemas y lo sabían. Él dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mateo 9:13). En otras palabras, aquellos que son indiferentes –que no se dan cuenta de que son pecadores– no pueden responder a su llamado. Es posible, de hecho, que más personas en nuestro país ignoran a Cristo porque no se dan cuenta de cuán pecadores son que las personas que lo rechazan porque son malvadas y le odian sin motivo. Por todos lados se puede ver a persona indiferentes que no se preocupan por el Salvador porque no entienden su necesidad de salvación. Ellos abiertamente no se oponen a Él, sino que simplemente lo ignoran. Ellos no se preocupan por el remedio, porque no creen que tienen la enfermedad. Estas personas se pierden la Navidad.

(Adaptado de The Miracle of Christmas .)
Disponible en línea en: http://www.gty.org/resources/Blog/B121213

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